El dinero es una de las tecnologías más antiguas y al mismo tiempo menos comprendidas de la humanidad. Está por todas partes a nuestro alrededor, y sin embargo pensamos sorprendentemente poco en él. La gran mayoría de la gente sale de la escuela sabiendo de genética, física cuántica o historia de Roma — pero sin ninguna idea de cómo nace el dinero que tienen en la cartera.
Empecemos con una pregunta muy simple: ¿para qué sirve el dinero? La respuesta es sorprendentemente antigua. Ya Aristóteles, en el siglo IV a. C., describió que el dinero cumple tres funciones.
Las tres funciones del dinero
- Medio de intercambio — te permite intercambiar cosas sin necesitar exactamente lo que tiene tu contraparte.
- Reserva de valor — te permite trasladar el poder adquisitivo del trabajo de hoy al futuro.
- Unidad de cuenta — forma un lenguaje compartido para comparar el valor de cosas distintas.
Las propiedades del buen dinero
Para que el dinero cumpla bien sus funciones, debe tener ciertas propiedades físicas y lógicas. Los historiadores del dinero suelen nombrar seis.
El oro mantuvo su lugar en la competencia de los medios monetarios durante cinco mil años, porque combinaba las seis propiedades por encima de la media. Era lo suficientemente escaso, divisible por fundición, verificable por densidad, eternamente duradero.
Las seis propiedades del dinero
- Durabilidad — el dinero no debe deteriorarse.
- Portabilidad — debes poder moverlo fácilmente de A a B.
- Divisibilidad — debe dividirse en unidades más pequeñas y más grandes.
- Reconocibilidad — la otra parte debe poder verificar autenticidad y cantidad.
- Fungibilidad — una unidad debe ser igual a otra.
- Escasez — y esta es la más importante. Si cualquiera pudiera fabricar todo lo que quisiera, no tendría valor.


